martes, 16 de marzo de 2010

El Señor de los Anillos



El Conde Nicolás von Zinzenford es sin lugar a dudas uno de los lideres espirituales de mayor influencia y controversia de la historia occidental.
El avivamiento moravo del siglo dieciocho que el dirigió fue un movimiento pionero de oración, misión, unidad y comunidad. Del pequeño pueblo Herrnhut en Alemania los Moravos oraron sin cesar por cientos de años, ellos establecieron modelos radicales y desafiantes de discipulado y relaciones y lanzaron uno de los primeros grandes movimientos misioneros.
Lo que pocos conocen es que cuando Zinzendorf era un adolescente creó una comunidad secreta llamada “La orden de la semilla de mostaza” en la cual sus miembros llevaban un anillo con la inscripción en griego: “Ninguno de nosotros vive para sí mismo”.
En 1999 los Moravos se convirtieron en una inspiración accidental para el nacimiento del movimiento internacional conocido como oración 24-7, en el cual más y más gente joven está haciendo votos para ser “verdaderos a Cristo, amables con la gente, y llevar el evangelio a las naciones”.

lunes, 13 de julio de 2009

La Autoridad del Pastor

parte 1.
En estos días parece ser que la autoridad es un problema para los cristianos. Las personas escriben libro tras libro y sermón tras sermón acerca de quien tiene autoridad sobre quien y por que. Los profesores deben enseñar con autoridad, los esposos reclaman autoridad sobre sus esposas, los “pastores” necesitan autoridad sobre sus “ovejas.” No podemos hablar de la iglesia sin concentrarnos en el gobierno de la misma. Parece que somos incapaces de pensar en el matrimonio sin preguntar quien tiene la autoridad en el mismo. Y ni siquiera podemos escuchar la Biblia a menos que primero hayamos oído la última palabra acerca de su autoridad. Al parecer es un problema.
Talvez el problema sea mayor en Estados Unidos porque usualmente no pensamos en nosotros mismos como sujetos a autoridad alguna. Pensamos en nosotros mismos como “libres”, capaces de hacer lo que queramos aún cuando nuestras vidas están compuestas por personas y estructuras que demandan nuestra obediencia. El oficial de policía en la esquina y la Superintendencia Tributaria tienen autoridad. La autoridad no es simplemente la habilidad de obligar a otra persona. Eso se llama “poder” y éste es compartido tanto por policías como por ladrones. Sin embargo, solamente el policía tiene “autoridad” – la legítima habilidad moral para obligar a otro. De hecho, esa es la noción usual que tenemos de la autoridad – la habilidad legítima de obligar a otro, respaldado (de ser necesario) por la fuerza. Pero esta noción usual no funciona cuando hablamos dentro del contexto cristiano, porque Jesús y Sus discípulos tenían una visión muy diferente de lo que es autoridad.

jueves, 4 de diciembre de 2008

artículo

 

¿Qué es un ministro? 

Desde 1972 he estado luchando mordazmente con asuntos relacionados a la iglesia de Cristo. Algunos de ellos se han cristalizado en mi pensamiento y me gustaría compartirlos con ustedes con la esperanza de dar lugar a un diálogo significativo y a una búsqueda seria de las Escrituras. No hay nada que temer al las Escrituras mirar juntos.

La carga clave en mi corazón, que me gustaría expresar y desarrollar, es la siguiente: el ministerio de la iglesia en conjunto continuará siendo mutilado mientras perpetuemos la separación "del ministro" de la visión en el Nuevo Testamento de los ancianos, y mientras de manera funcional dividamos al pueblo de Dios en "ordenados" (clero) y "no llamados" (laicos). 

Ancianos en lugar de "Ministros"

El Nuevo Testamento solo conoce de "santos, obispos y diáconos" (Fil. 1.1) Tanto "obispos," "pastores" y "ancianos" todos se refieren al mismo cuerpo de hombres (Hch. 20.17, 28). La supervisión de la iglesia es concebida como un cuerpo de ancianos (1 Ti. 5.17; Stg. 5.14). Sin embargo, la práctica tradicional de "llamar a un pastor" separa virtualmente en cada punto, este "oficio" de los ancianos. Bajo el patrón neo-testamentario, laos (pueblo) y kleron (clero, herencia) se refieren a todo el pueblo de Dios, es así que ancianos y diáconos son parte del "laico/clero," y no separados o por encima. "La mayoría de las iglesias denominacionales se han apartado de este patrón haciendo una distinción entre el pastor y los ancianos. La práctica común hace del pastor un empleado a tiempo completo de la iglesia, en tanto que los ancianos son hombres laicos que funcionan casi como un consejo administrativo" (James Stahr, Interés, Abril, 1984, p. 2).

En el patrón protestante tradicional, el pastor tiene un "llamado" que los otros ancianos no poseen, es entrenado de manera distinta a ellos, es ordenado de manera diferente, él viene de afuera del cuerpo mientras que los ancianos salen de dentro del cuerpo, el pastor puede ser enviado a otra iglesia mientras que los ancianos son residentes, él puede tener el "Rev." junto a su nombre pero no así los ancianos, a él se le paga para realizar diversas tareas (no así a los ancianos), textos que se aplican a un cuerpo de ancianos son aplicados únicamente al "ministro," el pastor puede ocupar el púlpito mientras que los ancianos raramente pueden hacerlo (si alguna vez sucede), y es el pastor el que determina la dirección del culto de adoración. Interesantemente, la forma protestante tradicional de hacer esto se asemeja más a un modelo religioso no evangélico (con sacerdotes y brujos) que al sencillo patrón neo-testamentario. 

El cambio de Anciano/Ministro Mutuo a "El Ministro"

No interesa que área de la verdad de la iglesia estudie, parece ser que la fuente esencial del problema de alguna manera radica en el aislamiento que hay entre "el pastor" y los ancianos. Lo frustrante para mí es que: aún cuando el mejor estudio de la Biblia y de la historia de la iglesia está unido a la conclusión básica que "la guía ética para las personas recientemente convertidas al cristianismo… fue ofrecida en primer lugar por un poliforme ministerio de gracia, reflejado en el Nuevo Testamento; con el transcurrir del tiempo la autoridad moral fue centrándose cada vez mas en un ministerio ordenado, de obispos y diáconos, "aquellos que toman seriamente esta perspectiva son etiquetados como "extraños," "defectuosos," y "peligrosos" (la cita es de G.W. Forell, Historia de las Éticas Cristianas [History of Christian Ethics] Vol.1, 1979, p.39; consulte "Un Dios, un Obispo: las políticas del monoteísmo" [One God, One Bishop: The Politics of Monotheism], Los Evangelios Gnósticos [The Gnostic Gospels], Elaine Pagels, 1981, pp.33-56). Siendo el hecho que en el Nuevo Testamento somos confrontados con un "poliforme ministerio de la gracia," ¿no deberíamos preguntarnos a nosotros mismos si el cambio resuelto al enfoque en "el ministro" (clero), que ocurrió rápidamente en tiempos post-apostólicos, era válido o no? Juzgando por nuestra práctica le damos más credibilidad a la tradición post-apostólica que a la enseñanza directa de los apóstoles (consulte Judy Schindler, "El levantamiento de una regla de obispado en la Iglesia Primitiva [The Rise of One Bishop Rule in the Early Church]," ST, Summer, 1981, pp. 3-9) 

¿Podría ponerse de pie el verdadero "clero"?

Si tomamos el Nuevo Testamento con seriedad, todo aquello que promueva las categorías tradicionales "clero/laico" debe ser evitado. ¿Aquellos que están en el "pastorado" estarán dispuestos a renunciar al título de "Reverendo" que acompaña a sus nombres (consulte a David Foster, "¿no llamamos a ningún hombre maestro, padre, rabí… o pastor? [Call No Man Teacher, Father, Rabbior Pastor?]," Revista de Cuidado Pastoral, Jay Adams, ed.)? Toda la mística que envuelve al "pastor" debe ser alineada con la declaración de Cristo a los apóstoles: "todos ustedes son hermanos." Hacer distinciones anti-bíblicas entre nosotros da como resultado terribles tradiciones, tal como lo muestra la siguiente ilustración: "era, indudablemente, con la certeza nacida de la reverencia con la cual estaba acostumbrado a ser saludado, que [John] Smalley hacía su entrada en la mañana del sábado por la puerta de la sala de reuniones, haciéndole saber a la congregación el momento de su llegada para que los miembros de importancia se pusieran de pie y le hicieran reverencia mientras él caminaba por el pasillo" (Mary L. Gambrell, Entrenamiento Ministerial en el siglo XVII [Ministerial Training in 18th Century] New England, pp.113-114). Talvez nosotros no duplicamos esta reverencia en particular, pero el espíritu de esta ilustración aún es repetido en nuestros días en mil maneras distintas.  

Predicando: ¿en las calles o en el "templo"?

Junto a la instauración del "pastor" está la tarea central de predicar. H.M. Carson declara que la predicación "es el medio principal mediante el cual, el pueblo de Dios es edificado en la fe" (¡Aleluya! Adoración cristiana [Hallelujah! Christian Worship] p. 72). Aunque parece que la "predicación" en el Nuevo Testamento es una actividad que primordialmente se daba lugar fuera de la iglesia (consulte Stuart Olyott, "¿Qué es evangelismo? [What Is Evangelism]," Banner of Truth, Julio/Agosto, 1969, pp.1ff.; C.E. Dawson, "Los evangélicos [The Evangelicals]," Noticias del evangelio, Set., 1982, p. 247). La iglesia debe consagrarse a la enseñanza apostólica. Frecuentemente los ancianos pueden proveer la columna dorsal de tal instrucción en la asamblea. Pero equipar el reino de la palabra de Cristo en la iglesia con el ministerio de púlpito del "pastor" no puede ser sustentado desde el Nuevo Testamento. Sería maravilloso para aquellos que tienen dones de predicación el ejercitarlos "fuera," tal como lo hizo George Whitefield. Es necesario que se recuerde que todo razonamiento para el "centralismo en la predicación" es sospechoso: se originó en un estado de la iglesia en el cual la asistencia era obligatoria. 

"El cuerpo no es un miembro, sino muchos"

Uno de los resultados más dañinos que se originan al separar al "pastor" de los ancianos es el descuido de todo el cuerpo. Cuando se propone que "todo el peso del orden, las reglas y la edificación de la iglesia" descanse en el "pastor," tal como lo sugirió el puritano John Owen, no hay manera en que se le de la atención apropiada a "todo el cuerpo" desde la perspectiva de Efesios 4:16. J.I. Packer claramente admite que la discusión de los puritanos acerca de los dones "estaba dominada por su interés en el ministro ordenado… difícilmente se levantaban preguntas con respecto a otros dones en otras personas" (Los dones espirituales y los puritanos [The Puritans and Spiritual Gifts]," 1967 Westminster Papers, p.15). 

 ¿Dónde es la próxima conferencia del ministro?

"El ministro" separado de los ancianos también añade una increíble presión sobre las personas con dones, quienes creen que se espera que nunca den fruto. Los artículos de 'Cristianity Today' ilustran lo obvio: "¿Cuántos sombreros usa tu pastor?," "El divorcio del clero brota en los pasillos," "¿Quién aconseja a los ministros cuando tienen problemas?" Ya que los pastores siempre "se están dando," y debido a que las iglesias locales son incapaces de poder ministrarles, deben asistir periódicamente a conferencias a las cuales asistan otros con el mismo síndrome. Y ya que el Nuevo Testamento no sabe nada de una "oficina pastoral" como la concebimos de manera tradicional, no es de sorprender que aquellos que están allí experimenten que "se queman" tratando de alcanzar las expectativas. Problemas que irrumpen en la vida como las crisis nerviosas, el suicidio, el divorcio, un gran estrés familiar, y la infidelidad sexual se dan en un porcentaje bastante alto entre el clero. Una encuesta reciente, muy intensa de Enfoque a la Familia, indicó que mensualmente hay 1800 pastores que dejan el ministerio en nuestro país, considerando a todas las denominaciones. ¿Cuándo vamos a despertar para darnos cuenta que hay algo podrido en el estado de Dinamarca? 

Ministro: ¿Púlpito o poliforme?

Probablemente la institución pastoral ha sido el factor más instructivo en la forma que se dan los cultos en la iglesia (consulte Hezekiah Harvey, El pastor [The Pastor], 1879 [Backus Books, 1982], pp.27-28). Las primeras asambleas no sabían nada de un "púlpito," y sin embargo ahora se ha convertido en una pieza de utilería que no se debe cuestionar. Es una situación análoga para muchos que sencillamente asumen que en el primer siglo los apóstoles hacían "llamados a pasar al altar." Los estudios de todas las tradiciones reconocen que en el Nuevo Testamento nos encontramos con una informalidad estructurada. 

Note algunos ejemplos de los muchos que se podrían dar:

. 1 Co. 14.26-36 "provee un vistazo de la iglesia primitiva en la adoración. Aparentemente el culto contenía una mezcla de flexibilidad espontánea y de formalidad tradicional heredada de la sinagoga. Suponemos por las palabras que había una participación congregacional" [del 14.26] (William Baird, 1 Co. / 2 Co., 1980, p.59).

. "El culto de adoración era, probablemente, más abierto en los días de Pablo que hoy en día" (Leonard J. Coppes, ¿Cinco puntos son suficientes? [Are Five Points Enough], p.182)

. "Los vistazos que tenemos de congregaciones adorando en el Nuevo Testamento son de participantes activos" (Herbert Carson, ¡Aleluya! [Hallelujah!], p.29). 

 Preguntas importantes saltan a la vista: a la luz de nuestra confesión de que el NT nos guía, ¿por qué nuestras reuniones son totalmente diferente de aquellas reveladas en las Escrituras? ¿Es correcto que eliminemos la participación a fin de mantener la "centralidad de la predicación"? ¿Por qué aquellas reuniones eran edificantes y buenas para la iglesia primitiva, pero son "peligrosas" para nosotros? ¿El Espíritu de Dios está informándonos en el NT, o estamos proponiendo que esta información inspirada ya no es relevante?

Un argumento frecuentemente presentado es que 1 Co. 14 es la "primera revelación" modificada por la "última revelación." Pero en varias maneras esto es un razonamiento engañoso. Primero, ¿qué hay en la "última revelación" que contradice a 1 Co. 14? Segundo, Hebreos es "última revelación" y sin embargo contiene el mismo énfasis encontrado en Corintios: "exhortaos unos a otros diariamente… no dejéis de congregaos… animaos unos a otros." Tercero, Santiago es "última revelación," sin embargo algunos comentaristas ven 1.19 como una referencia "a la adoración libre y no estructurada de las primeras asambleas cristianas" (Curtis Vaughn, Santiago: Una guía de estudio [James: A Study Guide], p.35; consulte Earl Kelly, Santiago: Un manual para la vida cristiana [James: A Primer for Christian Living], p.69).

Si somos honestos, debemos confesar que la tradición del púlpito es un tremendo obstáculo que impide la obediencia a la dimensión participativa, unos a otros, de vida en el cuerpo que encontramos en el Nuevo Testamento. David Thomas (en ¡1898!) resumió bien la situación: "La iglesia cristiana en asamblea, puede tener en un mismo momento varios expositores que se dirijan a ellos… si esto fuera así: 1. ¿La enseñanza cristiana debería ser considerada como una profesión? Lo es ahora: los hombres son levantados, entrenados y viven para ello, tal como lo hacen los arquitectos, abogados, doctores… 2. ¿Está la iglesia cristiana justificada para centrar su atención en el ministerio de un solo hombre? En las congregaciones más modernas hay algunos hombres cristianos que debido a una habilidad natural y a un conocimiento experimental e inspiracional, están mucho más calificados para instruir y fortalecer al pueblo que su propio ministro profesional establecido. Definitivamente la predicación oficial no tiene autoridad, ya sea en la Palabra, en razón o experiencia, y debe llegar a un final tarde o temprano. Todo hombre cristiano debería ser un predicador. La media hora destinada para el mensaje en el culto de la iglesia debería ser ocupada por tres o cuatro hombres, maduros cristianamente… con capacidad de expresión, y no solo sería mucho más interesante sino más productivo que ahora ("1 Corintios," El comentario del púlpito [The Pulpit Commentary], p.459).


¿Pero qué de mi cheque?

Las personas en el ministerio pueden sentirse amenazadas por las implicancias que tienen los ancianos en el Nuevo Testamento. Las bases tradicionales para sostener a un pastor no tienen garantía en las Escrituras, y están basadas en textos mal interpretados. Sin embargo 1 Ti. 5.17-18 indica que la congregación es libre de ayudar a cualquiera de sus ancianos en tanto cuente con las condiciones para hacerlo. Así como en los demás puntos conectados al "pastorado," el sustento necesita ser usado en el contexto de un cuerpo de ancianos, y no en conexión con una supuesta "oficina pastoral" (consulte Ronald Hock, El contexto social del ministerio de Pablo: Hacedor de carpas & Apostolado [The Social Context of Paul's Ministry: Tentmaking & Apostleship], Fortaleza, 1980). La ayuda financiera no debe ser una motivación en los ancianos que sirven al rebaño; la asamblea es libre para ayudar a los ancianos; los ancianos son libres para trabajar con sus propias manos (1 Pe. 5:2; 1 Ti. 5:17; Hch. 20:34-35). 

 ¿Dónde está la queja?

Si el "pastor" es una parte tan importante en el ministerio de la iglesia, entonces por qué es tan difícil validar tal función en el Nuevo Testamento? John H. Yoder agudamente resume la información: "La conclusión más prominente que se deriva de esta enunciación es la ausencia de dos oficinas, lo cual es lo más característico en el cristianismo moderno: el 'pastor,' en el sentido de un ministro profesional guiando a la congregación, y el 'obispo,' en el sentido de un ministro con autoridad sobre varias congregaciones. Originalmente ambos términos eran intercambiables con el de 'anciano,' refiriéndose a uno de varios hombres que compartían el liderazgo en un concilio local. Henri d'Espines, profesor de la Universidad Ginibra, (Suiza) la misma de Calvino, llegó a la misma conclusión, y se ha atrevido a decir que la visión de Calvino de la oficina pastoral es anti-bíblica, que 'este estado de asociaciones es deplorable,'y que la 'restauración del pastorado colectivo, ejercitado por un genuino concilio de ancianos, es una de las condiciones primordiales para el avivamiento espiritual que tanto necesitan nuestras iglesias.' Una vez más, vemos la Reforma Bíblica en su mejor aparición a favor de la autoridad de la Escritura sobre la iglesia" ("Biblio-centralidad y la Iglesia [Biblicism and the Church]," Concern #2, 1955, p.45). 

¿Estás viendo alguna luz?

Si estas o has estado involucrado en un rol de "clero" en el pasado, y estás llegando a la convicción que esta posición se origina de tradiciones que no son bíblicas, hay algunos pasos prácticos que debes dar.

. Deja de usar la palabra "Reverendo" y otros títulos religiosos junto a tu nombre (y anima a los que te rodean a dejar de usar cualquier tipo de lenguaje que asuma que hay una diferencia entre "clero/laico").

. Renuncia a tu nivel de "clero" y mírate a ti mismo como parte del "laos" de Dios que tiene manifestaciones del Espíritu, junto con todos los demás, por el bien del cuerpo (1 Co.12:7)

. Enseña al cuerpo que tu papel de "clero," junto con todas sus expectativas, está basado en tradiciones humanas y no en el Evangelio.

. Instruye a los hermanos que todos los aspectos del cuidado mutuo descansan en el cuerpo, y no en una élite espiritual.

. Da pasos concretos para descentralizar la función de tus dones en el cuerpo.

. Empieza una nueva metodología de búsqueda de la verdad y de hablar la verdad. En lugar de la cuchara del "clero" que alimenta al "laico," estudien juntos los asuntos importantes de la Palabra con la visión de encontrar la voluntad de Cristo y actuar de acuerdo con ella.

. Adopta un estilo de enseñanza donde exista el diálogo y se motive a los demás a las preguntas/comentarios.

. En tanto que el cuerpo realiza cambios concretos en la manera como se lleva la "iglesia," el énfasis varía desde la dependencia en una persona a la edificación de participación múltiple.

.Tu sustento económico como persona del clero es en definitiva un problema difícil que necesita ser evaluado creativamente y escrituralmente. Sin importar todas las circunstancias específicas en tu caso, si esto ayuda a que la asamblea desarrolle su ministerio de unos a otros, por lo menos necesitas estar dispuesto a seguir el ejemplo de Pablo: "Antes vosotros sabéis que para lo que me ha sido necesario a mí y a los que están conmigo, estas manos me han servido (haciendo carpas). En todo os he enseñado que trabajando así se debe ayudar a los necesitados" (Hch. 20.33-35). Cuando el ministerio es más compartido con el cuerpo, la carga que había en una sola persona desaparece y la congregación es libre para evaluar como sus recursos financieros pueden ser maximizados para edificación y para suplir las necesidades de las personas.

El sistema de "clero" es una institución gigantesca. Sus tentáculos llegan a lo recóndito de los trabajos internos de casi todos los grupos religiosos. No toda persona del "clero" toma el Nuevo Testamento seriamente, pero aquellos que lo hacen necesitan guiar el camino, por medio de su ejemplo personal, hacia un cambio de paradigma que refleje mejor la vida de una asamblea Cristo-céntrica. Usualmente las personas que dejan el modelo tradicional de "clero" tienen un alto precio que pagar debido a su falta de fidelidad para con Cristo, pero los premios espirituales no se pueden describir. La verdad es que permanecer en un sistema colapsado y que ha arruinado las vidas de muchas personas es un precio erróneo a pagar. ¿Por qué supones que mensualmente 1800 personas dejan el "ministerio"? 

"Creemos que la Biblia es nuestra regla infalible de fe y práctica"

Muchas iglesias confiesan esto, pero ¿realmente toman con suficiente seriedad el Nuevo Testamento como para evaluar todas sus prácticas a la luz del mismo? Tal confesión se vuelve vacía si no es respaldada por una hermenéutica honesta y una obediencia sincera. Estoy cansado de escuchar a predicadores gritar, "si no lo encontramos en la Biblia, entonces no lo creemos ni lo hacemos." La Escritura no apoyará ningún conjunto de cosas que sean 'no cuestionables' en las iglesias, pero los pastores y aquellos sentados en las bancas se enfurecerán si sus vacas sagradas son desafiadas. 

  Estoy sometiendo mi entendimiento de la Escritura al cuerpo de Cristo. Si tu crees que estoy equivocado, por favor confróntame con la Escritura. Por otro lado, si he articulado cosas que son dignas de una profunda reflexión, entonces por favor dale un seguimiento a las implicancias. ¿Estas dispuesto a crear frutos (de las Escrituras) para justificar el estatus quo, o estas dispuesto a cambiar tu pensamiento y práctica a la luz de la Palabra? 

  Debajo hay algunos títulos de libros que me han ayudado en las áreas discutidas arriba.

. Campenhausen, Hans von. Autoridad Eclesiástica & Poder Espiritual en la Iglesia de los primeros tres siglos [Ecclesiastical Authority & Spiritual Power in the Church of the First Three Centurias] Universidad de Stanford Press, 1969.

. Davies, J.G. La Iglesia Primitiva Cristiana [The Early Christian Church] Baker, 1981. 

. Goppelt, Leonhard. Tiempos Apostólicos y Post-apostólicos [Apostolic & Post-Apostolic Times] Baker, 1980. 

. Grudem, Wayne. El don de profecía en 1 Corintios [The Gift of Prophecy in 1 Corinthians] Prensa de la Universidad de America, 1982. 

. Hanson, Anthony. El Ministro pionero: La relación de la iglesia y del ministro [The Pioneer Ministry: The Relation of Church & Ministry] Westminster, 1961. 

. Lindsay, Thomas M. La Iglesia y el Ministro en los Primeros Siglos [The Church & the Ministry in the Early Centuries] Publicaciones James Family, 1977. 

. Niebuhr, H. Richard. El Ministro en Perspectivas Históricas [The Ministry in Historical Perspectives] Harper & Row, 1983. 

. Warkentin, Marjorie. Ordenamiento: Una Visión Bíblica Histórica [Ordination: A Biblical-Historical View] Eerdmans, 1982. 

 

-- Jon Zens

Revisado 03/06/03 

 

viernes, 28 de noviembre de 2008

Iglesias en Casas

por Dan Walker

El lugar donde nos reunimos es muy importante. Claro que no es tan importante como las piedras vivas que son cimentadas para formar la iglesia, pero aún así es importante. Me fascina ver con que frecuencia gente que piensa de la misma manera que nosotros en muchos aspectos diversos, se opone a mi énfasis de tener reuniones en casa. ¿Por qué sucede esto?
Creo que una de las razones es la súper espiritualidad. Estas personas dicen: que la iglesia organizada se preocupe de los edificios, nosotros vamos a preocuparnos de edificar el cuerpo de Cristo, y eso lo podemos hacer en cualquier lugar, en cualquier edificio. Esto suena bien, pero es completamente irreal.
Hace mucho tiempo que los arquitectos y consultores han concluido que los edificios y sus accesorios afectarán a las relaciones y el estado de ánimo de las personas. Uno piensa en el escritorio tradicional de un banquero y la silla del visitante, sentado en aquella silla el escritorio te llega casi al cuello, y te sientes muy pequeño e inferior al banquero. Vamos a usar otro ejemplo: supón que quieres tener una comunión cercana e íntima con tus hermanos. Vas a una iglesia ubicada en un edificio. Colocas las sillas en un círculo. Aún tienes que enfrentar los espacios abiertos que acaban con la intimidad, y hacen difícil el oír. Has conseguido luces fluorescentes por encima. Y décadas de adaptación cultural con los cuales lidiar. Cuando estás en un edificio, sueles pensar de manera institucional y formal.
Déjenme citar a un crítico que cree en la vida de iglesia, pero que piensa que no es importante el lugar en el cual ésta se reúna: “No creo que la respuesta radique en dejar los ‘edificios como iglesia’ a cambio de las ‘salas’. Tampoco creo que las sudaderas y los jeans sean más inherentes a una comunión y un ministerio efectivos que un traje de tres piezas y corbata. A mí me parece que aquellas propuestas simplemente cambian un ‘atuendo’ externo por otro. Probar que no existían los ‘edificios como iglesia’ en las primeras décadas de vida de la iglesia, no es probar algo. Tampoco habían automóviles, o teléfonos, o computadoras, o una prensa escrita… ¿Deberíamos también ver estos avances como perjudiciales para la vida de iglesia? ¿O será que el verdadero problema radica en la manera como usamos estas herramientas? Si el ‘edificio’ de una iglesia es adorado más que Aquél en cuyo nombre nos reunimos, de hecho que algo anda mal. Si ese es el caso, vender el edificio y aglomerar a las personas en una sala no ayudará a resolver el problema. Lo que se necesita es un cambio de corazón y de mente, y no de ubicación o de ambientación… es igual de fácil elaborar y perpetuar enseñanzas falsas, rituales infundados, y tradiciones sofocantes en una sala como lo es en un ‘edificio como iglesia.’ Y una persona puede ser tan ostentosa en unos jeans rotos y unas zapatillas gastadas como en un terno bien elaborado y unos zapatos bien lustrados.”
A continuación vamos a examinar una a una las proposiciones de arriba. La primera es, “No creo que la respuesta radique en dejar los ‘edificios como iglesia’ a cambio de las ‘salas’.” Esta es una verdad a medias y como todas las verdades a medias, es totalmente engañosa. Claro está, que cambiar los edificios como iglesia a favor de las salas no es la respuesta completa. Sin embargo, si es parte de la respuesta. De hecho, es parte necesaria de la respuesta (aunque no es suficiente en sí misma). Hablaremos más de esto luego.
Su segunda proposición es, “Tampoco creo que las sudaderas y los jeans sean más inherentes a una comunión y un ministerio efectivos que un traje de tres piezas y corbata.” En este punto, van a tener que perdonarme. Hasta ahora, he sido considerado, racional y moderado. Pero me rehúso a ser considerado, racional y moderado cuando alguien trata de defender las corbatas. Damas y caballeros, si quieren adquirir un poco de sabiduría que los bendiga por el resto de sus vidas, por favor escuchen esta verdad: ¡las corbatas son del diablo! (Por supuesto, aquí yo bromeo). Conozco un hermano que las llama “espíritu de estrangulamiento.” Algunas veces creo que tiene razón. El problema no es simplemente que aquella cosa sea completamente inútil; ya que en lugar de eso, es un mal positivo relacionado con la vida de iglesia. Su único propósito es estrangular la intimidad, y establecer la formalidad. De hecho, es parte del código ético de los abogados el que tienen que usar la ropa “apropiada” para no traer desprestigio a la profesión. ¿Alguna vez has visto a un abogado trabajando sin corbata? El propósito es establecer profesionalismo. El propósito es hacerte creer que él es competente, inteligente e importante. Su propósito no es que intimes con él. ¿Cuántas personas conoces que insistan en usar una corbata en la iglesia y luego vayan a casa y sigan usándola? No lo hacen. ¿Por qué no? Porque están con sus familias y no necesitan ser formales con sus familias. ¿Por qué los cristianos tienen que ser formales entre hermanos? Conozco muchas iglesias que empezaron maravillosamente, y luego se institucionalizaron. Es inevitable que en algún momento a lo largo del camino, se les pida a los líderes que usen corbata. Y es en este punto que debemos tener la certeza de que la iglesia ha muerto, de la misma manera que reconocemos que un paciente ha muerto cuando ya no hay ondas cerebrales.
Un tercer punto es, “Probar que no existían los ‘edificios como iglesia’ en las primeras décadas de vida de la iglesia, no es probar algo. Tampoco habían automóviles, o teléfonos, o computadoras, o una prensa escrita.” Y por supuesto que no hay nada malo con los carros o los teléfonos, éstos son moralmente neutrales y pueden ser usados tanto para bien como para mal, así como los edificios en los cuales funciona la iglesia. Este argumento tiene una validez superficial, pero es engañoso. Usualmente un edificio como iglesia no es “moralmente neutral.” No es una pieza de alta tecnología que puede ser usada para bien o para mal. Si los edificios como iglesia no son importantes, entonces ¿por qué los cristianos han gastado 180 billones de dólares en construirlos? Si crees que no son importantes, ve y pídele a un pastor tradicional que venda su edificio y entregue ese dinero a los pobres, en el nombre de Jesús, para que veas el tipo de respuesta que te da. De todo el dinero que los cristianos colocan en el alfolí, ¿cuánto se destina al evangelio, o a los necesitados? y ¿cuánto se destina a las cortinas, la alfombra, las sillas? ¿Cuántas divisiones de iglesia son causadas por disputas sobre el color de las alfombras, el lugar donde van los muebles, y otros problemas trascendentales? Todo el que lea esto sabe tan bien como yo que los edificios como iglesia de hoy no son más que un santo sepulcro, un falso templo sustituto del verdadero templo de Dios, el cual es el cuerpo de Cristo. La gente no se pelea por las computadoras, los automóviles, los teléfonos o por la prensa escrita. Sino que pelean por el edificio de la iglesia. ¿Por qué? Porque el edificio de la iglesia puede fácilmente convertirse en un objeto de adoración idolátrica.
Su cuarta declaración es “lo que se necesita es un cambio de corazón y de mente, y no de ubicación o de ambientación.” Este argumento descansa en el fundamento de la súper espiritualidad. Funcionaría si los seres humanos fueran espectros que flotan por la vida sin ser afectados por sus sucias sustancias alrededor. Pero desafortunadamente, nosotros los humanos somos influenciados por lo que nos rodea. Vamos a llevar este argumento hasta su extremo lógico. Supón que tienes un hermano que es despedido, está sin trabajo, sin hogar y es miserable. Le dirías, “¡hermano, lo que tú necesitas es un cambio de corazón y de mente, y no de ubicación y ambientación!”
No podemos divorciar nuestras actitudes y suposiciones de las influencias ambientales que nos moldean desde que somos muy jóvenes. De esta manera, si un niño asiste toda su vida a la iglesia en un edificio, más adelante él o ella concluirán que los edificios como iglesia tienen una posición santa delante de los ojos de Dios, como el lugar de reunión apropiado. Decir que debemos examinar nuestros corazones antes que nuestros edificios ignora la influencia recíproca que uno tiene sobre el otro.
Una quinta afirmación del crítico, “es igual de fácil elaborar y perpetuar enseñanzas falsas, rituales infundados, y tradiciones sofocantes en una sala como lo es en un ‘edificio como iglesia’.” Esto no es verdad. Aunque las enseñanzas falsas, los rituales infundados, etc. pueden ser fácilmente elaborados en una casa, no es cierto que fácilmente puedan ser perpetuados en una sala. ¿Por qué? Porque se necesita del Cristo vivo morando dentro de las personas para que la iglesia se mantenga viva, sin burocracia, ni ritual, ni edificios. Y tan pronto como la vida de Cristo es reemplazada por los sustitutos carnales, la iglesia en casa muere porque no hay burocracia, ni ritual, ni edificio que la pueda perpetuar. De hecho, tan pronto como el la humanidad carnal se traslada a una iglesia en casa, empezarás a oír llamados por una o más de estas tres cosas: pastores importados, edificios, y corbatas. ¿Por qué la necesidad de un edificio? Porque la humanidad carnal ama las ilusiones de permanencia, belleza y protección. Y si Jesús no está proveyendo estas cosas, las personas carnales y religiosas instintivamente empezarán a buscar el sustituto en un edificio. Esto no es para culpar al edificio por la muerte y la carnalidad, sino para decir que el edificio es la señal externa de la muerte y la carnalidad que hay dentro de el.
Y ya que seguimos con el tema de los edificios como iglesia, vamos a hablar acerca de los muebles dentro de los edificios de las iglesias. Por ejemplo, estos te posicionan para que tengas comunión con las cabezas de tus hermanos. Las bancas no promueven la intimidad, sino que en su lugar proveen de una fría formalidad. También cuestan una pequeña fortuna. Los púlpitos (atriles) llegaron con Martín Lutero. A él se le había otorgado el control de las antiguas catedrales católicas. Estaba predicando en una de éstas y necesitaba un lugar donde colocar sus notas, miró hacia arriba y vio en un pilar el pequeño estrado o púlpito que los sacerdotes católicos habían subido con la finalidad de leer los anuncios semanales. Lutero tomó el viejo altar católico y lo reemplazó con el púlpito protestante que hoy en día se usa ahora para que la persona que está detrás del mismo se sienta grande e importante. Está diseñado para impresionarte, al humilde que se sienta en el banco, para que no haga preguntas y para que no se duerma. Su sola presencia no permite el diálogo, ni la comunicación ni la comunión. En el AT, un altar era el lugar donde se llevaba a cabo un sacrificio. El AT presagiaba el sacrificio de Jesús en el NT, así que me parece a mí que el único “altar” en el NT es la cruz, sobre la cual Jesús fue sacrificado. Sin embargo, esto no detiene a las muchas iglesias institucionales que colocan pequeños reclinatorios en frente y a los cuales llaman “altares.” Y aún si fueran llamadas “bancas de oración” o algo parecido, afianzan la idea de que allí adelante está sucediendo algo diferente a lo que sucede en la audiencia. El altar es solo una pieza más de mueblería religiosa que refuerza el cristianismo espectador, del tipo que Watchman Nee dice que engendra “pasividad y muerte.”
Hasta ahora esta crítica de los edificios como iglesia se ha centrado en dos puntos importantes: sus gastos incontables y disipados y sus formas habituales como sustitutos idolátricos para la adoración de Cristo. Sin embargo, hay otras razones por las cuales deberíamos evitar los ‘edificios como iglesia’ como si fueran plagas. Una razón es que los edificios son dañinos para la vida de iglesia porque permiten que esta crezca a un tamaño que hace imposible tener una comunión íntima. Cuántas veces has escuchado a cristianos decir, “En los viejos tiempos esta era una iglesia maravillosa, cuando aún era pequeña, pero ahora no conocemos a nadie.” Una iglesia en casa nunca puede crecer tanto, porque no todo el mundo podría caber en la sala. (Lo cual significa, a propósito, que para que las iglesias en casa crezcan, deben dividirse y multiplicarse).
Otra razón es que ciertas prácticas normativas del NT no pueden se pueden llevar a cabo fácilmente en el escenario de una gran iglesia. Por ejemplo, la participación semanal de la cena del Señor (usando una sola copa y un solo pan), la participación en el banquete del Señor y la comunión mutua, son manejadas fácilmente en un escenario de iglesia en casa, pero no en grandes iglesias institucionales.
Una tercera razón para no tener edificios especiales es, la ausencia total en el Nuevo Testamento, de instrucciones para construirlos. Si obedecemos el mandato en Deut. 12:32, entonces no debemos añadir a la Palabra de Dios. Por tanto, es simplemente lógico asumir que si Dios quisiera que tuviéramos edificios, El lo habría ordenado en Su Palabra. Considera que todos los escritores de los evangelios y de las epístolas en el NT, con excepción de Lucas, participaron anteriormente en la adoración en el templo. Y es muy significativo que ninguno de ellos jamás construyera o instruyera a alguien a construir algún tipo de edificio cristiano. Esto incluye a Pablo, a Pedro y a Juan. Podemos decir, como mínimo, que es notable la ausencia de edificios especiales en el NT.
Finalmente, ¡nunca ha sido la manera de Dios el extender Su testimonio dentro de un edificio hecho con las manos humanas! Su método para extender Su testimonio es por medio de la carne, la sangre y los huesos del cuerpo de creyentes en Jesucristo, y no por medio de un edificio. Todo el libro de Hechos confirma esta verdad doctrinal. ¿Cuánto más debe sufrir el corazón de Dios viendo a Su cuerpo obrar de acuerdo al método judío de extensión de testimonio: confinando las principales fuerzas, los ministerios y la visión de Dios en un edificio. La comisión de Dios a Su iglesia es de ir a los perdidos en su ambiente, y ¡no invitarlos a un edificio! Debemos salir de esta mentalidad concentrada en el interior de un edificio hacia un ministerio real.
— Dan Walker El lugar donde nos reunimos es muy importante. Claro que no es tan importante como las piedras vivas que son cimentadas para formar la iglesia, pero aún así es importante. Me fascina ver con que frecuencia gente que piensa de la misma manera que nosotros en muchos aspectos diversos, se opone a mi énfasis de tener reuniones en casa. ¿Por qué sucede esto?
Creo que una de las razones es la súper espiritualidad. Estas personas dicen: que la iglesia organizada se preocupe de los edificios, nosotros vamos a preocuparnos de edificar el cuerpo de Cristo, y eso lo podemos hacer en cualquier lugar, en cualquier edificio. Esto suena bien, pero es completamente irreal.
Hace mucho tiempo que los arquitectos y consultores han concluido que los edificios y sus accesorios afectarán a las relaciones y el estado de ánimo de las personas. Uno piensa en el escritorio tradicional de un banquero y la silla del visitante, sentado en aquella silla el escritorio te llega casi al cuello, y te sientes muy pequeño e inferior al banquero. Vamos a usar otro ejemplo: supón que quieres tener una comunión cercana e íntima con tus hermanos. Vas a una iglesia ubicada en un edificio. Colocas las sillas en un círculo. Aún tienes que enfrentar los espacios abiertos que acaban con la intimidad, y hacen difícil el oír. Has conseguido luces fluorescentes por encima. Y décadas de adaptación cultural con los cuales lidiar. Cuando estás en un edificio, sueles pensar de manera institucional y formal.
Déjenme citar a un crítico que cree en la vida de iglesia, pero que piensa que no es importante el lugar en el cual ésta se reúna: “No creo que la respuesta radique en dejar los ‘edificios como iglesia’ a cambio de las ‘salas’. Tampoco creo que las sudaderas y los jeans sean más inherentes a una comunión y un ministerio efectivos que un traje de tres piezas y corbata. A mí me parece que aquellas propuestas simplemente cambian un ‘atuendo’ externo por otro. Probar que no existían los ‘edificios como iglesia’ en las primeras décadas de vida de la iglesia, no es probar algo. Tampoco habían automóviles, o teléfonos, o computadoras, o una prensa escrita… ¿Deberíamos también ver estos avances como perjudiciales para la vida de iglesia? ¿O será que el verdadero problema radica en la manera como usamos estas herramientas? Si el ‘edificio’ de una iglesia es adorado más que Aquél en cuyo nombre nos reunimos, de hecho que algo anda mal. Si ese es el caso, vender el edificio y aglomerar a las personas en una sala no ayudará a resolver el problema. Lo que se necesita es un cambio de corazón y de mente, y no de ubicación o de ambientación… es igual de fácil elaborar y perpetuar enseñanzas falsas, rituales infundados, y tradiciones sofocantes en una sala como lo es en un ‘edificio como iglesia.’ Y una persona puede ser tan ostentosa en unos jeans rotos y unas zapatillas gastadas como en un terno bien elaborado y unos zapatos bien lustrados.”
A continuación vamos a examinar una a una las proposiciones de arriba. La primera es, “No creo que la respuesta radique en dejar los ‘edificios como iglesia’ a cambio de las ‘salas’.” Esta es una verdad a medias y como todas las verdades a medias, es totalmente engañosa. Claro está, que cambiar los edificios como iglesia a favor de las salas no es la respuesta completa. Sin embargo, si es parte de la respuesta. De hecho, es parte necesaria de la respuesta (aunque no es suficiente en sí misma). Hablaremos más de esto luego.
Su segunda proposición es, “Tampoco creo que las sudaderas y los jeans sean más inherentes a una comunión y un ministerio efectivos que un traje de tres piezas y corbata.” En este punto, van a tener que perdonarme. Hasta ahora, he sido considerado, racional y moderado. Pero me rehúso a ser considerado, racional y moderado cuando alguien trata de defender las corbatas. Damas y caballeros, si quieren adquirir un poco de sabiduría que los bendiga por el resto de sus vidas, por favor escuchen esta verdad: ¡las corbatas son del diablo! (Por supuesto, aquí yo bromeo). Conozco un hermano que las llama “espíritu de estrangulamiento.” Algunas veces creo que tiene razón. El problema no es simplemente que aquella cosa sea completamente inútil; ya que en lugar de eso, es un mal positivo relacionado con la vida de iglesia. Su único propósito es estrangular la intimidad, y establecer la formalidad. De hecho, es parte del código ético de los abogados el que tienen que usar la ropa “apropiada” para no traer desprestigio a la profesión. ¿Alguna vez has visto a un abogado trabajando sin corbata? El propósito es establecer profesionalismo. El propósito es hacerte creer que él es competente, inteligente e importante. Su propósito no es que intimes con él. ¿Cuántas personas conoces que insistan en usar una corbata en la iglesia y luego vayan a casa y sigan usándola? No lo hacen. ¿Por qué no? Porque están con sus familias y no necesitan ser formales con sus familias. ¿Por qué los cristianos tienen que ser formales entre hermanos? Conozco muchas iglesias que empezaron maravillosamente, y luego se institucionalizaron. Es inevitable que en algún momento a lo largo del camino, se les pida a los líderes que usen corbata. Y es en este punto que debemos tener la certeza de que la iglesia ha muerto, de la misma manera que reconocemos que un paciente ha muerto cuando ya no hay ondas cerebrales.
Un tercer punto es, “Probar que no existían los ‘edificios como iglesia’ en las primeras décadas de vida de la iglesia, no es probar algo. Tampoco habían automóviles, o teléfonos, o computadoras, o una prensa escrita.” Y por supuesto que no hay nada malo con los carros o los teléfonos, éstos son moralmente neutrales y pueden ser usados tanto para bien como para mal, así como los edificios en los cuales funciona la iglesia. Este argumento tiene una validez superficial, pero es engañoso. Usualmente un edificio como iglesia no es “moralmente neutral.” No es una pieza de alta tecnología que puede ser usada para bien o para mal. Si los edificios como iglesia no son importantes, entonces ¿por qué los cristianos han gastado 180 billones de dólares en construirlos? Si crees que no son importantes, ve y pídele a un pastor tradicional que venda su edificio y entregue ese dinero a los pobres, en el nombre de Jesús, para que veas el tipo de respuesta que te da. De todo el dinero que los cristianos colocan en el alfolí, ¿cuánto se destina al evangelio, o a los necesitados? y ¿cuánto se destina a las cortinas, la alfombra, las sillas? ¿Cuántas divisiones de iglesia son causadas por disputas sobre el color de las alfombras, el lugar donde van los muebles, y otros problemas trascendentales? Todo el que lea esto sabe tan bien como yo que los edificios como iglesia de hoy no son más que un santo sepulcro, un falso templo sustituto del verdadero templo de Dios, el cual es el cuerpo de Cristo. La gente no se pelea por las computadoras, los automóviles, los teléfonos o por la prensa escrita. Sino que pelean por el edificio de la iglesia. ¿Por qué? Porque el edificio de la iglesia puede fácilmente convertirse en un objeto de adoración idolátrica.
Su cuarta declaración es “lo que se necesita es un cambio de corazón y de mente, y no de ubicación o de ambientación.” Este argumento descansa en el fundamento de la súper espiritualidad. Funcionaría si los seres humanos fueran espectros que flotan por la vida sin ser afectados por sus sucias sustancias alrededor. Pero desafortunadamente, nosotros los humanos somos influenciados por lo que nos rodea. Vamos a llevar este argumento hasta su extremo lógico. Supón que tienes un hermano que es despedido, está sin trabajo, sin hogar y es miserable. Le dirías, “¡hermano, lo que tú necesitas es un cambio de corazón y de mente, y no de ubicación y ambientación!”
No podemos divorciar nuestras actitudes y suposiciones de las influencias ambientales que nos moldean desde que somos muy jóvenes. De esta manera, si un niño asiste toda su vida a la iglesia en un edificio, más adelante él o ella concluirán que los edificios como iglesia tienen una posición santa delante de los ojos de Dios, como el lugar de reunión apropiado. Decir que debemos examinar nuestros corazones antes que nuestros edificios ignora la influencia recíproca que uno tiene sobre el otro.
Una quinta afirmación del crítico, “es igual de fácil elaborar y perpetuar enseñanzas falsas, rituales infundados, y tradiciones sofocantes en una sala como lo es en un ‘edificio como iglesia’.” Esto no es verdad. Aunque las enseñanzas falsas, los rituales infundados, etc. pueden ser fácilmente elaborados en una casa, no es cierto que fácilmente puedan ser perpetuados en una sala. ¿Por qué? Porque se necesita del Cristo vivo morando dentro de las personas para que la iglesia se mantenga viva, sin burocracia, ni ritual, ni edificios. Y tan pronto como la vida de Cristo es reemplazada por los sustitutos carnales, la iglesia en casa muere porque no hay burocracia, ni ritual, ni edificio que la pueda perpetuar. De hecho, tan pronto como el la humanidad carnal se traslada a una iglesia en casa, empezarás a oír llamados por una o más de estas tres cosas: pastores importados, edificios, y corbatas. ¿Por qué la necesidad de un edificio? Porque la humanidad carnal ama las ilusiones de permanencia, belleza y protección. Y si Jesús no está proveyendo estas cosas, las personas carnales y religiosas instintivamente empezarán a buscar el sustituto en un edificio. Esto no es para culpar al edificio por la muerte y la carnalidad, sino para decir que el edificio es la señal externa de la muerte y la carnalidad que hay dentro de el.
Y ya que seguimos con el tema de los edificios como iglesia, vamos a hablar acerca de los muebles dentro de los edificios de las iglesias. Por ejemplo, estos te posicionan para que tengas comunión con las cabezas de tus hermanos. Las bancas no promueven la intimidad, sino que en su lugar proveen de una fría formalidad. También cuestan una pequeña fortuna. Los púlpitos (atriles) llegaron con Martín Lutero. A él se le había otorgado el control de las antiguas catedrales católicas. Estaba predicando en una de éstas y necesitaba un lugar donde colocar sus notas, miró hacia arriba y vio en un pilar el pequeño estrado o púlpito que los sacerdotes católicos habían subido con la finalidad de leer los anuncios semanales. Lutero tomó el viejo altar católico y lo reemplazó con el púlpito protestante que hoy en día se usa ahora para que la persona que está detrás del mismo se sienta grande e importante. Está diseñado para impresionarte, al humilde que se sienta en el banco, para que no haga preguntas y para que no se duerma. Su sola presencia no permite el diálogo, ni la comunicación ni la comunión. En el AT, un altar era el lugar donde se llevaba a cabo un sacrificio. El AT presagiaba el sacrificio de Jesús en el NT, así que me parece a mí que el único “altar” en el NT es la cruz, sobre la cual Jesús fue sacrificado. Sin embargo, esto no detiene a las muchas iglesias institucionales que colocan pequeños reclinatorios en frente y a los cuales llaman “altares.” Y aún si fueran llamadas “bancas de oración” o algo parecido, afianzan la idea de que allí adelante está sucediendo algo diferente a lo que sucede en la audiencia. El altar es solo una pieza más de mueblería religiosa que refuerza el cristianismo espectador, del tipo que Watchman Nee dice que engendra “pasividad y muerte.”
Hasta ahora esta crítica de los edificios como iglesia se ha centrado en dos puntos importantes: sus gastos incontables y disipados y sus formas habituales como sustitutos idolátricos para la adoración de Cristo. Sin embargo, hay otras razones por las cuales deberíamos evitar los ‘edificios como iglesia’ como si fueran plagas. Una razón es que los edificios son dañinos para la vida de iglesia porque permiten que esta crezca a un tamaño que hace imposible tener una comunión íntima. Cuántas veces has escuchado a cristianos decir, “En los viejos tiempos esta era una iglesia maravillosa, cuando aún era pequeña, pero ahora no conocemos a nadie.” Una iglesia en casa nunca puede crecer tanto, porque no todo el mundo podría caber en la sala. (Lo cual significa, a propósito, que para que las iglesias en casa crezcan, deben dividirse y multiplicarse).
Otra razón es que ciertas prácticas normativas del NT no pueden se pueden llevar a cabo fácilmente en el escenario de una gran iglesia. Por ejemplo, la participación semanal de la cena del Señor (usando una sola copa y un solo pan), la participación en el banquete del Señor y la comunión mutua, son manejadas fácilmente en un escenario de iglesia en casa, pero no en grandes iglesias institucionales.
Una tercera razón para no tener edificios especiales es, la ausencia total en el Nuevo Testamento, de instrucciones para construirlos. Si obedecemos el mandato en Deut. 12:32, entonces no debemos añadir a la Palabra de Dios. Por tanto, es simplemente lógico asumir que si Dios quisiera que tuviéramos edificios, El lo habría ordenado en Su Palabra. Considera que todos los escritores de los evangelios y de las epístolas en el NT, con excepción de Lucas, participaron anteriormente en la adoración en el templo. Y es muy significativo que ninguno de ellos jamás construyera o instruyera a alguien a construir algún tipo de edificio cristiano. Esto incluye a Pablo, a Pedro y a Juan. Podemos decir, como mínimo, que es notable la ausencia de edificios especiales en el NT.
Finalmente, ¡nunca ha sido la manera de Dios el extender Su testimonio dentro de un edificio hecho con las manos humanas! Su método para extender Su testimonio es por medio de la carne, la sangre y los huesos del cuerpo de creyentes en Jesucristo, y no por medio de un edificio. Todo el libro de Hechos confirma esta verdad doctrinal. ¿Cuánto más debe sufrir el corazón de Dios viendo a Su cuerpo obrar de acuerdo al método judío de extensión de testimonio: confinando las principales fuerzas, los ministerios y la visión de Dios en un edificio. La comisión de Dios a Su iglesia es de ir a los perdidos en su ambiente, y ¡no invitarlos a un edificio! Debemos salir de esta mentalidad concentrada en el interior de un edificio hacia un ministerio real.

sábado, 27 de septiembre de 2008

4 características de la iglesia

1. Desde concentrarse en una reunión a centrarse en Jesús. (el ejemplo de Jesús era ministrar en situaciones espontáneas, diarias, no planificadas, en todo lugar, todo el tiempo.)

2. De centrarse en el Cristinianismo a centrarse en Cristo. (no una filosofía o sistema, sino una persona...¡¡Cristo en vosotros!!)

3. De un pastor a varios ministros cubriendo cinco ministerios (proclamar, enseñar, servir, fomentar comunión, adorar)

4. Dede un sacerdocio esperial (clero) al sacerdocio de todos los creyentes (Trayendo a Dios a la gente a través del testimonio y trayendo la gente a Dios a través de la intercesión)